El pasado, presente y futuro de los mercados de capitales de deuda
Los mercados de capitales de deuda (DCM) son una herramienta clave en el arsenal de las empresas que buscan obtener financiación mediante valores de deuda como los bonos corporativos, pero, como ocurre con todo en el mundo de la banca corporativa y de inversión, el entorno está cambiando constantemente.
En 2022, la emisión total mundial en DCM fue de 6,3 billones de dólares, siendo el récord hasta la fecha el año 2020, que se situó cerca de los 9,5 billones de dólares.
Se trata de cifras nada desdeñables, pero ¿de dónde se originaron los mercados de capitales de deuda y hacia dónde se espera que se dirijan a medida que nos adentramos en el segundo cuarto del siglo XXI?
La historia de los mercados de capitales de deuda
Se puede retroceder hasta el año 2400 a.C. para encontrar los primeros bonos registrados —existentes mucho antes que las acciones—, que se originaron en la actual Irak y se escribían en tablillas de arcilla.
Sin embargo, fue en el siglo XVII cuando la idea de emitir deuda despegó realmente, cuando el Banco de Inglaterra, uno de los bancos centrales más antiguos del mundo, comenzó a emitir bonos gubernamentales. De hecho, este momento también marca el nacimiento del mercado de gilts, llamado así por los bordes dorados de estos certificados.
Los mercados de deuda ganaron mayor tracción en el siglo XVIII, cuando surgió un nuevo tipo de bono cubierto conocido como Pfandbrief alemán —un valor respaldado por activos— mediante el cual los terratenientes financiaban sus actividades utilizando tanto su crédito como el valor de sus propiedades como garantía.
La siguiente gran revolución en el mundo de la emisión de deuda llegó en julio de 1963, cuando la emisión de Autostrade para la red de autopistas italiana introdujo el primer “eurobono” en el mercado. Esto significó que, por primera vez, un sindicato multinacional de instituciones financieras suscribía y distribuía activamente una operación en una divisa principal —en ese momento, el dólar estadounidense—.
Desde la década de 1960, el mercado ha evolucionado hasta convertirse en un ecosistema verdaderamente global. En la actualidad, los mercados de capitales de deuda incluyen asociaciones de distribuidores de bonos, cámaras de compensación y bolsas, entre otros, además de la existencia de múltiples monedas, bancos de inversión, intermediarios e inversores.
Santander CIB cuenta con una fuerte presencia en muchos de estos mercados, actuando como estructurador y colocador de emisiones, distribuyendo instrumentos a nivel global y proporcionando liquidez en mercados secundarios para distintos tipos de activos destinados a clientes corporativos, instituciones financieras, soberanos, supranacionales y agencias.
Si bien la posición de Santander CIB en el ecosistema de DCM es sólida, nunca ha sido tan importante mantenerse al día de las innovaciones en este ámbito.
¿Se han modernizado suficientemente los mercados de DCM?
A pesar de los avances en la negociación de bonos en el mercado secundario —como el aumento del número de plataformas y la automatización—, el proceso de emisión de nuevos bonos ha evolucionado más lentamente de lo esperado.
Hasta mediados de los años 90, los libros de órdenes se gestionaban manualmente, utilizando papel. Posteriormente, el uso de hojas de cálculo agilizó el proceso, aunque este seguía siendo en gran medida manual.
Con la llegada de los sistemas compartidos de libros de órdenes online, el proceso ha evolucionado hacia el modelo actual. Estos sistemas permiten a los equipos comerciales introducir órdenes directamente, eliminar duplicados y corregir inconsistencias, reduciendo la necesidad de conciliaciones manuales y mejorando la eficiencia.
Conor Hennebry, responsable global de deuda corporativa en Santander CIB, comenta: “Nuestra plataforma de originación ha crecido considerablemente en los últimos años, en parte gracias a la inversión en tecnología y a nuestro compromiso con soluciones digitales.”
El papel de Santander en el ecosistema DCM
Santander CIB está comprometido con desempeñar un papel clave en la digitalización del sector, impulsando la transición hacia procesos más eficientes y automatizados en los que los inversores puedan operar directamente desde sus sistemas.
El proceso de ejecución de operaciones es complejo y requiere la colaboración de múltiples actores del ecosistema, incluyendo bancos, inversores y asesores, especialmente en fases como la estructuración, documentación legal y liquidación.
Además, Santander ha liderado iniciativas innovadoras como el uso de blockchain en emisiones, destacando la emisión en 2019 del primer bono completamente digital por valor de 20 millones de dólares.
José M. Linares señaló: “Los clientes demandan innovación tecnológica en la captación de capital. Este bono demuestra nuestra capacidad para liderar la transformación digital.”
John Whelan añadió: “El ciclo completo de los mercados de valores puede digitalizarse, y estamos contribuyendo activamente a esta transformación.”
Stuart Montgomerie concluye: “Estamos en el inicio de una nueva etapa en la eficiencia del mercado de deuda, impulsada por la tecnología.”